El azar nos aunó un anochecer. Tu alma es la de un ángel de alas abiertas. Tu afecto es abrigo en mis andanzas, aliento que me ayuda avanzar, alegre arcoiris… Ahora advierto que me atraes apasionadamente. Ansío acurrucarme en el ardor de tus abrazos. ¡Ay, amiga, admito que te amo!

                                                  (Carmen V.)