¡Qué tristes son las despedidas,

 qué difícil es decir adiós,

se hace un nudo en la garganta

y otro en el corazón!

Te vi partir entre las sombras

oculta en aquel rincón.

no quería que vieses mis lágrimas

ni oir tu último adiós.

Preferí verte por última vez

oculta allí en la estación,

que me recordases alegre y risueña

y no triste y sin ilusión.

Observé tu pálido rostro

tus ojos me buscaban

en aquella sombría estación,

no lograste verme entre la gente

y no pudiste soportar tu dolor.

El tren se puso en marcha,

ya no podías echarte hacia atrás,

habías emprendido un largo viaje

del que no podrías regresar.

Salí de mi escondite,

corrí por el andén,

abrí mi temblorosa mano

y tú me viste desde aquel tren.

Las lágrimas corrían por mi rostro,

ya no me podía contener,

vi al tren perderse a lo lejos

y creí perderte a ti también.

¡Cuán equivocada estaba!

Tú estabas peor que yo,

no pudiste separarte de mi,

no pudiste separarte de tu amor.

Y decidiste no continuar,

bajarte en la siguiente estación,

no alejarte de tu hogar

y no romper mi corazón.

¡Qué tristes son las despedidas,

qué difícil es decir adiós,

se hace un nudo en la garganta

y otro en el corazón!

(Carmen Victoria)

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